Imagina por un momento que tu hermana en España, o tu hijo en Miami, trabaja turnos dobles, se salta una comida o deja de comprarse algo para poder enviarte 22 dólares. Lo hace con cariño, con la esperanza de que tengas internet, de que puedas llamarle, de sentirte más cerca. Ese acto de amor se concreta en una recarga de ETECSA. Pero lo que tal vez ni tú ni tu familiar saben es que ese dinero se desvanece en el aire: tú recibes apenas 500 pesos cubanos de saldo, y el resto lo engulle el sistema.
Hagamos la cuenta con claridad. Si esos 22 dólares te los mandaran en efectivo y tú los cambiaras en la calle al precio informal —alrededor de 375 pesos por dólar hoy— recibirías unos 8,250 CUP. Pero con la recarga, lo que realmente obtienes es solo 500 CUP. Eso quiere decir que se pierden más de 7,700 pesos en el camino. Es una pérdida del 93.9%. En otras palabras, de cada 100 pesos que tu familiar manda, solo 6 llegan a ti. Lo demás se queda en manos del Estado cubano.
Lo más grave es que ETECSA ni siquiera calcula el valor de la recarga con base en la tasa oficial del dólar, que es de 120 CUP. Si dividimos los 500 CUP que recibes entre los 22 dólares que costó la recarga, el valor implícito que le da la empresa estatal al dólar es de apenas 22.7 CUP. Es decir, ni siquiera cumplen con el valor que ellos mismos publican como tasa oficial. Imagínate que tienes un billete de 1 dólar y te dicen que solo vale 22 pesos, cuando en la calle te lo cambiarían por 375. Eso es exactamente lo que pasa.
Aquí no estamos hablando simplemente de un mal negocio. Esto es una forma muy concreta de lo que se conoce como explotación afectiva transnacional. El Estado sabe que los cubanos en el exterior quieren ayudar a su familia. Sabe que hay abuelas esperando una llamada, hijos que quieren saber si su madre está bien, parejas que necesitan decirse “te quiero”. Ese vínculo emocional se ha convertido en mercancía. El sistema ha montado una estructura en la que el amor se traduce en dólares, y esos dólares se canalizan de forma controlada y rentable para el Estado, que a cambio entrega un producto muy por debajo de su valor real.
Recargar se ha vendido como el camino más directo para apoyar a la familia, pero en realidad es el más costoso. No solo se pierde casi todo el dinero, sino que se limita el uso a los paquetes que impone ETECSA, sin libertad de decisión sobre en qué y cómo gastar ese apoyo. Y para empeorar la situación, recientemente ETECSA eliminó la posibilidad de que las personas en Cuba compren saldo en pesos cubanos más allá de 360 CUP. Eso significa que ahora la única forma real de tener saldo suficiente para navegar o llamar es si alguien desde el extranjero te recarga en MLC o en divisas extranjeras. Ya no puedes decidir si prefieres comprar comida o datos, porque el sistema te ha quitado la opción.
Esta medida convierte las recargas en una especie de control obligatorio sobre la comunicación. Si no tienes a alguien fuera que te recargue, quedas prácticamente incomunicado. Es como si el gobierno dijera: “Quieres hablar con tu familia, perfecto, pero que sea en dólares… y conmigo en el medio.” Así se cierra el círculo de una estructura que no solo es económicamente abusiva, sino también emocionalmente opresiva.
Lo más triste es que este sistema también provoca culpa. Muchas personas en Cuba piensan que si su familiar deja de recargar es porque ya no los quiere o se olvidó de ellos. En realidad, cada vez más personas en el exterior están entendiendo que enviar dinero directo —aunque requiera más esfuerzo logístico— es una forma más digna y útil de apoyar. Pero el sistema ha creado un modelo donde ese tipo de ayuda es cada vez menos funcional. El objetivo es claro: hacer que la única vía de apoyo sea a través de mecanismos controlados por el Estado.
Por eso es urgente hablar de esto con franqueza. Lo que está en juego no es solo el dinero, sino la forma en que se manipula el amor entre familias para sostener un modelo económico injusto. Cada recarga que llega no es solo un saldo. Es una expresión de afecto que el sistema distorsiona. Entender esto es el primer paso para recuperar el valor real de ese amor.
No es falta de cariño si tu familia deja de recargarte. Es que se dio cuenta de que te quiere tanto que ya no quiere seguir perdiendo el 94% de lo que te manda. El problema no está en ustedes. Está en un sistema que convirtió el amor en negocio.
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